Cambiar la manera de decidir...

¿Has contemplado alguna vez un árbol con detenimiento?
Si reparas en la estructura de un árbol cualquiera, estarás viendo algo que por siglos ha llamado la atención de los filósofos.
El símbolo del árbol ha sido usado desde siempre para representar la vida humana, la manera en que el hombre recorre el camino que va desde el nacimiento hasta la muerte.
La manera en el que el árbol va creciendo, en que va acrecentando la cantidad de sus ramas a medida que se hace más y más grande, es la perfecta representación de la forma en que transcurre la vida del hombre.
Cada rama nueva que se agrega a las que ya tiene un árbol, procede de una rama que ya existía pero tiene una orientación diferente.
Cada yema hace que una rama nueva crezca en una dirección distinta de la que tenía la rama donde creció el brote. Si pensamos en las infinitas posibilidades de desarrollarse que tiene la vida de una persona, encontramos la misma estructura que existe en las ramas de un árbol.
En cada momento de tu vida, lo que pasará en el momento siguiente no está predeterminado. Estás saliendo de un edificio; te encuentras en la puerta, encarando la calle. ¿Qué dirección tomarás? ¿Irás hacia la izquierda o hacia la derecha, o cruzarás rectamente la calle hasta la acera de enfrente? Tal vez tengas perfectamente claro hacia dónde debes ir, tal vez vaciles un momento antes de tomar una dirección u otra.
Lo que hagas en una situación determinada es siempre el producto de una decisión que tú tomas.
Muchas cosas influyen en esa decisión, pero, antes que nada, existen dos grandes grupos: lo que has hecho antes y lo que piensas hacer después. Lo que has vivido hasta el momento condiciona lo que harás en el momento presente. Si estás cursando una carrera universitaria relacionada con la medicina, no es probable que te encamines hacia la Facultad de Derecho.
Si el único deporte que has practicado es el baloncesto, no sería de esperar que te encamines hacia una cancha de golf. Los pasos que has dado anteriormente están condicionando en gran medida los que vas a dar después.
Pero, por otro lado, también existe un futuro.
Tenemos expectativas de futuro, esperamos algo del porvenir. Esto también afecta lo que vamos a hacer. Si estás estudiando, es porque te has hecho una imagen de lo que esperas llegar a ser en el futuro: un profesional de la medicina, una persona dedicada a aliviar el dolor de los demás. Los planes que tengas para tu futuro están guiando los pasos que das en el presente. Has tomado una decisión, has dicho: esto es lo que quiero llegar a ser.
Así como en este ejemplo del estudio de una carrera, en todas las circunstancias de nuestra vida se aplica el mismo principio: siempre lo que haces es el resultado de una decisión que tú has adoptado. A veces esa decisión se produce casi instantáneamente, a veces cuesta mucho tiempo llegar a ella.
Cuando nos cuesta más de lo común, es cuando nos damos cuenta de que estamos decidiendo algo. En otros casos, apenas planteada la disyuntiva entre hacer esto o lo otro, ya sabemos qué es lo que queremos hacer. Pero siempre existe la decisión y siempre eres tú el que decide.
En ocasiones dejamos que sea alguna otra persona la que tome la decisión por nosotros, pero esto es también una decisión: es la decisión de no decidir, de dejar que otro tome las riendas de tu vida. Esto puede ser necesario en ciertas ocasiones, cuando no se tiene la suficiente información sobre el tema en cuestión.
Toda decisión se basa en la información que disponemos en el momento de decidir, y toda decisión es, como máximo, tan buena como la información en la que nos basamos. Si, para un caso determinado, consideras que otra persona sabe más que tú sobre el tema, puede ser adecuado seguir el consejo de esa persona. Nadie puede saber de todo, y por eso es conveniente dejarse asesorar por aquél que sabe más que uno. Si tienes una enfermedad y el médico que te atiende opina que es necesaria una operación, tal vez lo más adecuado sea hacerle caso.
Donde nunca hay que dejar que otro tome las decisiones que a ti te competen, es en los grandes asuntos de tu vida, como ser por ejemplo la elección de una carrera, un trabajo o un cónyuge.
En estas circunstancias no vale eso de otro puede saber más que tú, sea quien sea: tus padres, hermanos, amigos o profesores. Si no dispones de la información necesaria, debes dedicar todo el tiempo que sea necesario para adquirirla. Es la calidad de tu vida la que está en juego, y el asunto merece que te tomes todo el tiempo que precises para llegar a una decisión con la que tú, internamente, estés satisfecho. Recuerda que al único que debes rendirle cuenta es a tu propio yo interior, dado que nadie más que tú va a vivir tu vida.

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