miércoles, agosto 30, 2006

Un milagro de amor divino..

Como cualquier buena madre, cuando Karen se enteró de que otro bebé venía de camino, hizo lo que pudo para ayudar a su hijo de tres años, Michael, a prepararse para un nuevo hermanito. Sabe que el nuevo bebé va a ser una niña y, día tras día, noche tras noche, Michael canta a su hermana en la barriga de Mamá.
El embarazo progresa normalmente para Karen, un miembro activo de la Iglesia Metodista en Morristown, Tennessee.
Entonces llegan las contracciones del parto.
Cada cinco minutos... cada minuto.
Pero surgen complicaciones.
Es un parto de horas. ¿Tal vez requerirá una cesárea?
Finalmente, la pequeña hermana de Michael nace.
Pero está grave.
Con la sirena aullando en la noche, la ambulancia lleva el bebé a toda prisa a la Unidad Neonatal de Cuidados Intensivos del Hospital St. Mary's en Knoxville, Tennessee.
Los días pasan lentamente. La pequeña empeora.
El especialista pediátrico dice a los padres: "Hay muy pocas esperanzas.
Estén preparados para lo peor".
Karen y su marido contactan con el cementerio local para la tumba.
Han arreglado una habitación especial en su casa para el nuevo bebé y ahora hacen los arreglos para un funeral.
Michael, sigue pidiéndole a sus padres que le permitan ver a su hermana, "quiero cantarle", dice. Segunda semana en cuidados intensivos.
Da la impresión de que el funeral vaya a tener lugar antes de acabar la semana.
Michael continúa obsesionado con lo de cantarle a su hermana, pero jamás se permite la entrada a los niños en Cuidados Intensivos.
Pero Karen traza un plan.
Llevará a Michael tanto si les gusta como si no.
Si no ve a su hermana ahora, posiblemente nunca la verá viva.
Lo viste con ropa varias tallas mayor y lo conduce a la UCI.
Parece una cesta de lavandería andante, pero la enfermera jefe se da cuenta de que es un niño y vocifera: "¡Llévese a ese niño fuera de aquí ahora mismo! ¡No se permiten niños!".
La madre que hay en Karen emerge con fuerza, y la que normalmente es una dama de buen carácter, mira con ojos de acero a la cara de la enfermera jefe con los labios formando una firme línea: "¡No va a irse de aquí hasta que le cante a su hermana!"
Karen conduce a Michael junto a su hermana.
Él mira a la pequeña bebé perdiendo la batalla por vivir.
Y empieza a cantar.
Con la animosa voz de un niño de tres años, Michael canta: "Tú eres mi rayo de sol, mi único rayo de sol, tú me haces feliz cuando el cielo está gris...
" Instantáneamente la pequeña responde.
El pulso se serena y se regulariza.
Sigue cantando, Michael. "Nunca sabrás, cariño, cuánto te quiero.
Por favor no te lleves mi rayo de sol... " La áspera y forzada respiración se vuelve tan apacible como el ronroneo de un cachorrillo.
Sigue cantando, Michael. "La otra noche, cariño, mientras dormía, soñé que te estrechaba en mis brazos..."
La pequeña hermana de Michael se relaja mientras el reposo, un reposo reparador, parece extenderse sobre ella.
Sigue cantando, Michael.
La cara de la enfermera jefe se llena de lágrimas.
Karen solloza. "Tú eres mi rayo de sol, mi único rayo de sol.
Por favor no te lleves mi rayo de sol."
La planificación del funeral se tira a la basura.
¡Al día siguiente - justo al día siguiente - la pequeña está lo suficientemente bien para irse a casa! Woman's Day Magazine lo llamó "el milagro de la canción de un hermano"
El servicio médico simplemente lo llamó milagro. Karen lo llamó ¡un milagro de amor divino!

~ Nunca abandones a los que amas ~

lunes, agosto 21, 2006

Un error perfecto...

El abuelo Nybakken amaba la vida
- especialmente cuando podía gastarle una broma a alguien
- En esos momentos, su gran corpachón noruego se sacudía de risa mientras fingía una inocente sorpresa exclamando:
"¡Oh... en toda mi vida!
Pero un frío sábado en Chicago, mi abuelo sintió que Dios le había gastado una broma a él y no le hizo mucha gracia.
El padre de mi madre trabajaba como carpintero.
Ese día en particular, había estado haciendo algunos cajones de madera para la ropa que su parroquia iba a enviar a un orfanato en China.
Cuando regresaba a su casa, metió la mano en el bolsillo de su camisa para sacar sus gafas, pero no estaban.
Recordaba haberlas puesto ahí esa mañana, así que condujo de vuelta a la Iglesia.
Su búsqueda no fue fructífera. Cuando repasó mentalmente sus movimientos anteriores, comprendió lo ocurrido.
Las gafas se habían caído de su bolsillo, sin él darse cuenta, y caído en una de las cajas, que ya había cerrado y empaquetado.
¡Sus gafas nuevas iban camino a China!.
Eran tiempos duros y mi abuelo tenía seis hijos.
Había gastado 20 dólares en esas gafas esa misma mañana.
"No es justo" le dijo a Dios mientras conducía con frustración de regreso a su casa.
"He sido un buen creyente donando mi tiempo y dinero para tu obra y ahora esto".
Algunos meses más tarde, el Director del orfanato estuvo de permiso en Estados Unidos y un domingo por la noche fue a hablar a los fieles de la pequeña Iglesia a donde asistía mi abuelo en Chicago.
Mi abuelo y su familia estaban sentados en sus sitios de costumbre, entre la escasa congregación. El misionero empezó por agradecer a la gente por su bondad al apoyar al orfanato con sus donaciones.
"Pero más que nada"
- dijo
- "debo agradecerles por las gafas que mandaron el año pasado.
Verán, los comunistas habían entrado a saco en el orfanato, destruyendo todo lo que teníamos, incluídas mis gafas.
¡Estaba desesperado!
Aún cuando tuviera el dinero, simplemente no había donde comprar otras.
Además de no poder ver bien, todos los días tenía fuertes dolores de cabeza, así que mis compañeros y yo rezamos mucho por ello.
Entonces llegaron sus cajones.
Cuando mis compañeros los abrieron, encontraron un par de gafas encima del contenido de una de las cajas".
El misionero hizo una larga pausa, para permitir que sus palabras penetraran en la audiencia. Luego, aún absorto en lo milagroso del hecho, continuó:
"Amigos, cuando me puse aquellas gafas, ¡parecía como si hubieran sido hechas a medida para mí!
Quiero agradecerles por ser parte de esto".
La gente escuchaba, feliz por las gafas milagrosas.
Aunque... el misionero debía haberse confundido de Iglesia, pensaron.
No había ningunas gafas en la lista de productos que habían enviado a China.
Pero sentado atrás en silencio, con lágrimas en los ojos, un carpintero ordinario se daba cuenta de que el Maestro Carpintero lo había utilizado de una manera extraordinaria.

miércoles, agosto 16, 2006

A ti quién te condena...?

Dos hombres fueron condenados.
La sentencia consistía en que en un día determinado,
en veinte años, serían torturados lentamente hasta la muerte.
Al escuchar la sentencia, el más joven se retorció de la pena y del dolor,
y a partir de ese día, cayó en una profunda depresión.
"¿Para qué vivir?" se preguntaba,
"si de todas maneras van a arrebatarme la vida,
y de una manera inconcebiblemente terrible?"
Desde ese día nunca fue el mismo.
Cuando alguno de sus cercanos, compadecido por su estado,
le ofrecía apoyo para tratar de alegrarlo,
respondía rencorosamente diciendo:
- Claro, como tú no tienes que cargar mis penas, todo te parece fácil.
En otras ocasiones también replicaba:
- Tú no sabes lo que sufro, no es posible que me entiendas...
Y, a veces, alegaba en voz alta:
- ¿Para qué me esfuerzo?
Si de todas formas...
Y así, poco a poco, el hombre se fue encerrando en su amarga soledad
y murió mucho antes de que se cumpliera el plazo de los veinte años.

El otro hombre, al escuchar la sentencia, se asustó y se impresionó,
sin embargo a los pocos días resolvió que, como sus días estaban contados,
los disfrutaría.
Con frecuencia afirmaba:
- No voy a anticipar el dolor y el miedo empezando a sufrir desde ahora.
Otras veces decía:
- Voy a agradecer con intensidad cada día que me quede.
Y, en vez de alejarse de los demás, decidió acercarse y disfrutar a los suyos,
para sembrar en ellos lo mejor de sí.
Cuando alguien le mencionaba su condena, respondía en broma:
- Ellos me condenaron, yo no me voy a condenar sufriendo anticipadamente y,
por ahora, estoy vivo.
Fue así que, paulatinamente, se convirtió en un hombre sabio y sencillo,
conocido por su alegría y su espíritu de servicio.
Tanto, que mucho antes de los veinte años, le fue perdonada su condena.

El 99% de tus miedos no se realizarán.
Cree en tu fuerza, disfruta la libertad de ser feliz.
La verdadera libertad no está en lo que haces,
sino en la forma como eliges vivir lo que haces,
y sólo a ti te pertenece tal facultad.

lunes, agosto 14, 2006

Luz en la oscuridad...

Los pasajeros del ómnibus, la observaron compasivamente cuando la atractiva joven del bastón blanco subió con cuidado los escalones.
Le pagó al conductor y, usando las manos para percibir la ubicación de los asientos, caminó por el pasillo y encontró el asiento que, según él le había dicho, estaba vacío.
Luego se acomodó, colocó su maletín sobre las rodillas y apoyó el bastón contra su pierna.
Hacía un año que Susan, de treinta y cuatro años, se había quedado ciega.
Debido a un diagnóstico equivocado, había perdido la vista, y de repente se había sentido arrojada a un mundo de oscuridad, rabia, frustración y autoconmiseración.
Dado que antes había sido una mujer orgullosamente independiente, ahora Susan se sentía condenada, por esta terrible vuelta del destino, a ser una carga impotente y desvalida para todos los que la rodeaban.
"¿Cómo pudo pasarme esto?", se quejaba, con el corazón lleno de cólera.
Pero a pesar de cuanto llorase o despotricase o rezara, ella sabía cuál era la dolorosa verdad: Nunca más volvería a ver.
Una nube de depresión se cernía sobre el espíritu de Susan, antes tan optimista.
El solo hecho de vivir cada día era un ejercicio de frustración y cansancio.
Y sólo podía aferrarse a su esposo, Mark.
Mark era un oficial de la Fuerza Aérea, y amaba a Susan con todo su corazón.
Al perder ella la vista, notó cómo se hundía en la desesperación y decidió ayudarla a reunir las fuerzas y la confianza necesarias para volver a ser independiente.
La experiencia militar de Mark, lo había entrenado muy bien para manejar situaciones delicadas, pero él sabía que aquella era la batalla más difícil que iba a enfrentar.
Finalmente, Susan se sintió preparada para volver a su trabajo, ¿pero como llegaría hasta allí? Acostumbraba a tomar el ómnibus, pero ahora estaba demasiado asustada como para ir por la ciudad por sí sola.
Mark se ofreció a llevarla en el auto todos los días, aún cuando trabajaban en extremos opuestos de la ciudad.
Al principio, esto reconfortó a Susan y cubrió la necesidad de Mark de proteger a su esposa ciega, que se sentía tan insegura para realizar la acción más insignificante.
Sin embargo, Mark pronto se dio cuenta de que ese arreglo no funcionaba...
Era problemático y costoso. "Susan tendrá que empezar a tomar el ómnibus de nuevo", admitió ante sí mismo.
Pero sólo pensar en mencionárselo lo hacía estremecer.
Ella todavía estaba tan frágil, tan llena de rabia. ¿Cómo reaccionaría?
Tal cómo Mark había previsto, Susan se horrorizó ante la idea de volver a tomar el ómnibus.
- ¡Estoy ciega!
- explicó con amargura . ¿Cómo se supone que voy a saber adónde me dirijo?
Siento que me estás abandonando.
A Mark se le rompió el corazón al oír esas palabras, pero él sabía lo que debía hacerse.
Le prometió a Susan que, por la mañana y por la noche la acompañaría en el ómnibus todo el tiempo que fuera necesario hasta que ella se sintiera segura.
Y eso fue exactamente lo que ocurrió.
Durante dos semanas enteras, Mark con uniforme militar y todo, acompañó a Susan en el viaje de ida y vuelta al trabajo.
Le enseñó cómo apoyarse en sus otros sentidos, en especial el oído, para determinar dónde se encontraba y cómo adaptarse a su nuevo entorno.
La ayudó a trabar amistad con los conductores, quienes se ocuparían de ella y le guardarían un asiento.
La hizo reír, incluso en aquellos días no tan buenos en que tropezaba al bajar del ómnibus, o tiraba su maletín lleno de papeles en el pasillo.
Todas las mañanas hacían el recorrido juntos y Mark tomaba un taxi para volver a su oficina. Aunque esta rutina resultaba mas cara y agotadora que la anterior, Mark sabía que sólo era cuestión de esperar un tiempo más antes que Susan estuviera capacitada para viajar en ómnibus por su cuenta.
Creía en ella, en la Susan que él había conocido antes de que perdiera la vista, la que no le temía a ningún desafío y jamás se rendía.
Por fin, Susan decidió que estaba lista para hacer el intento de viajar sola.
Llegó la mañana del lunes y, antes de irse, ella abrazó a Mark, su compañero de viajes en ómnibus, su esposo, y su mejor amigo.
Tenía los ojos llenos de lágrimas de gratitud por su lealtad, su paciencia, su amor.
Se despidieron y, por primera vez, cada uno tomó un camino distinto.
Lunes, martes, miércoles, jueves... todos los días le fue muy bien, y Susan jamás se sintió mejor. ¡Lo estaba haciendo! Estaba yendo a trabajar por su cuenta.
El viernes por la mañana, Susan tomó el ómnibus como de costumbre.
Al pagar el boleto, el conductor le dijo:
- Caramba, de veras la envidio.
Susan, no supo si le estaba hablando a ella o no.
Después de todo, ¿quien iba a envidiar a una ciega que había encontrado el coraje de vivir durante el año anterior?
Intrigada preguntó al conductor:
- ¿Por qué dice que me envidia?
El conductor respondió:
- ¿Sabe? Todas las mañanas durante la semana pasada, un caballero de muy buen aspecto, con uniforme militar, ha estado parado en la esquina de enfrente, observándola mientras usted baja del ómnibus.
Se asegura que cruce bien la calle y la vigila hasta que entra en su edificio de oficinas.
Luego le tira un beso, le hace un pequeño gesto de saludo y se va.
Usted es una mujer afortunada.
Lágrimas de felicidad rodaron por las mejillas de Susan.
Porque aunque ella no podía verlo físicamente siempre había sentido la presencia de Mark.
Era afortunada, muy afortunada, pues él le había hecho un regalo más poderoso que la vista, un regalo que ella no necesitaba ver para creer en su existencia...
El regalo del amor que puede llevar la luz donde ha habido oscuridad

jueves, agosto 03, 2006

La Mariposa...

Un día, apareció una apertura en un capullo.
Un hombre se sentó a observar la mariposa naciente que trataba durante horas de estallar su refugio Y forzar el pequeño agujero a aumentarse.
Después de un tiempo le pareció al hombre
Que el insecto no progresaba.
Ya que a pesar de haber avanzado un poco
La mariposa no parecia moverse.
Entonces el hombre tomó un par de tijeras y recortó delicadamente el capullo
para ayudar a la mariposa a salir.
Así la mariposa surgió fácilmente.
Pero tenía un cuerpo débil y sus alas arrugadas estaban
Atrofiadas."no es grave, va a desarrollarse" se dijo el hombre.
Y siguió observando la mariposa a la espera de que desplegara sus alas para volar.
Pero eso nunca llegó.
La mariposa pasó el resto de su vida arrastrándose Sobre su pequeño cuerpo,
incapaz de utilizar sus alas desmadejadas.
Lo que el hombre, en su bondad precipitada,no había comprendido,
Es que el capullo demasiado apretado es un truco de la Naturaleza para
forzar la mariposa a taladrarlo y a implicar sus alas.
Como una condición para así,poder llegar a volar.

A veces, de nuestras angustias,de nuestros fracasos, de nuestros golpes duros
Precisamente, se tiene necesidad.
Si la naturaleza permitiera que se avanzara en la vida sin nunca encontrar ningún obstáculo, eso nos debilitaría, seríamos similares a esta mariposa
nacida demasiado de prisa y a la que la facilidad , le cortó las alas.

martes, agosto 01, 2006

Dos Hermanos...

Éran dos hermanos criados en el mismo hogar, cercanos entre ellos,
pero muy distintos el uno del otro.
Habían compartido la dura experiencia de crecer junto a un padre alcohólico,
autoritario, irresponsable, el cual estuvo varias veces en la cárcel por creer vivir
bajo su propia jurisdicción.
El hermano mayor se convirtió en alcohólico, dejó la escuela y se casó.
Frecuentemente maltrataba a su familia, apenas trabajaba y en repetidas ocasiones
tenía problemas con la policía.
Cuando en una ocasión le preguntaron porqué actuaba de esa manera, él contestó:
- Con un padre y una infancia como la que tuve, ¿Cómo hubiera podido ser distinto?
El hermano menor, a pesar de los problemas y dificultades, nunca dejó de estudiar,
se casó y se convirtió en un atento esposo y en un buen padre.
Era también un empresario exitoso que aportaba mucho a su comunidad.
Un día, en una entrevista, le preguntaron a qué atribuía el éxito que en su vida había tenido, y respondió:
- Con un padre y una infancia así, ¿Cómo hubiera podido ser distinto?

¿Cuáles son tus herencias y cómo has decidido usarlas?