lunes, enero 05, 2009

Corazòn de montaña...

Había una vez un niño muy chiquito
que era la burla de todos sus compañeros de la escuela
a causa de su pequeña estatura.
Su nombre era Manuel.

Cuando todos salían al recreo a jugar con la pelota,
nadie quería jugar con él; cuando jugaban a las escondidillas,
nadie lo quería buscar; cuando alguien cumplía años,
nunca lo invitaban: y cuando él cumplía años, nadie iba a su fiesta.

La vida de Manuel era muy solitaria y triste.
Todas las noches, antes de acostarse,
hacía oración y le decía a Dios:
Papito Dios, yo sé que Tú eres muy bueno
porque me lo ha dicho mi mamá,
pero no entiendo por qué si tanto me quieres,
me hiciste tan chiquito de modo que mis amigos se burlan de mí.

¡Cómo quisiera ser tan alto como una montaña
para que todos me respeten y me quieran.
¿Algún día me vas a hacer crecer tan alto como una montaña?
Y esperaba por unos minutos, arrodillado al lado de su cama
para ver si Dios le contestaba.
Nunca había escuchado la respuesta de Dios pero,
aún así, volvía a preguntarle cada noche lo mismo.

Esta bien, papito Dios. No tienes que contestarme ahora,
si quieres, mañana me respondes.
Y Manuel se dormía profundamente.
Un día, mientras todos los niños
jugaban a la pelota en el jardín de la escuela,
se escuchó el grito de uno de ellos.

Todos se paralizaron y buscaron el origen de aquél grito.
Nadie sabía quién había gritado
y no se veía a ningún niño asustado o llorando.
De pronto, se escuchó nuevamente el grito desesperado de un niño,
sólo que ahora sí sabían de dónde provenía el lamento.
A unos cuantos metros de ahíhabía unas pequeñas zanjas que fueron abiertas
para instalar unas tuberías para transportar el agua y,
por lo visto, alguien había caído en una de ellas.
Todas se agolparon a la orilla de la zanjas
pero no podían ver al interior,
sólo podían escuchar el llanto del niño que había caído en el pozo.

Era un chiquillo que acababa de entrar a la escuela
y apenas tenía cuatro años de edad.
Inútilmente, profesores
y jóvenes de secundaria intentaron sacar al niño.

Eran muy grandes y no cabían en el orificio de la zanja.
Entre los niños que se habían juntado para presenciar el accidente
se encontraba nuestro amigo de baja estatura.
Él veía todo el revuelo y la conmoción pero, sobre todo,
escuchaba el llanto del chiquito que estaba atrapado
en el fondo de la zanja
y que suplicaba que lo sacaran rápido de allí.

Se abrió paso a base de empujones y llegó hasta el frente.
Luego, con voz temblorosa, dijo:
Yo puedo entrar, Nadie lo escuchó,
todos gritaban llenos de impaciencia y nerviosismo.
Yo puedo entrar!, gritó Manuel, y el silencio invadió el ambiente.

Todos voltearon a verlo
y reconocieron que Manuel era la única solución.
Manuel se metió a la zanja y consoló al pequeño,
después lo tomó por la cintura y lo elevó hasta sus hombros.
El niño logró salir con unos cuatro rasguños y moretones.
Cuando Manuel salió, una muchedumbre lo vitoreaba y coreaba su nombre.
Uno de sus compañeros de clase se acercó a él y le dijo,
mientras le daba unas palmaditas en la espalda:
Manuel, eres pequeño de estatura pero lo que hiciste hoy
nos demuestra a todos
que tienes el corazón del tamaño de una montaña.

Manuel elevó sus ojos al cielo y sonrió agradeciendo.
Sabía que tarde o temprano me ibas a contestar,
dijo con alegría y entró al salón de clases con sus nuevos amigos

viernes, enero 02, 2009

El Dulce sabor de una Mujer Exquisita...

Si aún no ha pasado el bisturí por tu piel, si no tienes implantes de silicona en alguna parte de tu cuerpo, si los gorditos no te generan trauma, si nunca has sufrido de anorexia, si tu estatura no afecta tu desarrollo personal, si cuando vas a la playa prefieres divertirte en el mar y no estar sobre una toalla durante horas, si crees que la fidelidad sí es posible y la practicas, si sabes cómo se prepara un arroz, si puedes preparar un almuerzo completo, si tu prioridad no es ser rubia a como de lugar, si no te levantas a las 4:00 a.m. para poder alcanzar a hacerte el blower, si puedes salir con saco de sudadera tranquila a la calle un domingo sin una gota de maquillaje en el rostro...

ESTÁS EN VÍA DE EXTINCIÓN.... BIENVENIDA! EL DULCE SABOR DE UNA MUJER EXQUISITA

(Por Gabriel García Márquez)

Una mujer exquisita no es aquella que más hombres tiene a sus pies, si no aquella que tiene uno solo que la hace realmente feliz.

Una mujer hermosa no es la más joven, ni la más flaca, ni la que tiene el cutis más terso o el cabello más llamativo, es aquella que con tan sólo una franca y abierta sonrisa y un buen consejo puede alegrarte la vida.

Una mujer valiosa no es aquella que tiene más títulos, ni más cargos académicos, es aquella que sacrifica su sueño temporalmente por hacer felices a los demás.

Una mujer exquisita no es la más ardiente (aunque si me preguntan a mí, todas las mujeres son muy ardientes...
Los que estamos fuera de foco somos los hombres) sino la que vibra al hacer el amor solamente con el hombre que ama.

Una mujer interesante no es aquella que se siente halagada al ser admirada por su belleza y elegancia, es aquella mujer firme de carácter que puede decir NO.

Y un HOMBRE........
UN HOMBRE EXQUISITO

Es aquel que valora a una mujer así......

Que se siente orgulloso de tenerla como compañera....

Que sabe tocarla como un músico virtuosísimo toca su amado instrumento...

Que lucha a su lado compartiendo todos sus roles, desde lavar platos y atender tripones, hasta devolverle los masajes y cuidados que ella le prodigó antes...

La verdad, compañeros hombres, es que las mujeres en eso de ser 'Muy machas' nos llevan gran recorrido...

Qué tontos hemos sido -y somos- cuando valoramos el regalo solamente por la vistosidad de su empaque.

¡Tonto y mil veces tonto el hombre que come mierda en la calle, teniendo un exquisitímo manjar en casa.

Gabriel García Márquez