jueves, junio 26, 2008

El Gusano y el Escarabajo...

Había una vez un gusano y un escarabajo que eran amigos, pasaban charlando horas y horas.

El escarabajo estaba consciente de que su amigo era muy limitado en movilidad, tenía una visibilidad muy restringida y era muy tranquilo comparado con los de su especie.

El gusano estaba muy consciente de que su amigo venía de otro ambiente, comía cosas que le parecían desagradables y era muy acelerado para su estándar de vida, tenía una imagen grotesca y hablaba con mucha rapidez.

Un día, la compañera del escarabajo le cuestionó la amistad hacia el gusano.

¿Cómo era posible que caminara tanto para ir al encuentro del gusano? A lo que él respondió que el gusano estaba limitado en sus movimientos. ¿Por qué seguía siendo amigo de un insecto que no le regresaba los saludos efusivos que el escarabajo hacía desde lejos?

Esto era entendido por él, ya que sabía de su limitada visión, muchas veces ni siquiera sabía que alguien lo saludaba y cuando se daba cuenta, no distinguía si se trataba de él para contestar el saludo, sin embargo calló para no discutir.

Fueron muchas las respuestas que en el escarabajo buscaron para cuestionar la amistad con el gusano, que al final, éste decidió poner a prueba la amistad alejándose un tiempo para esperar que el gusano lo buscara.

Pasó el tiempo y la noticia llegó: el gusano estaba muriendo, pues su organismo lo traicionaba por tanto esfuerzo, cada día emprendía el camino para llegar hasta su amigo y la noche lo obligaba a retornar hasta su lugar de origen.

El escarabajo decidió ir a ver sin preguntar a su compañera qué opinaba. En el camino varios insectos le contaron las peripecias del gusano por saber qué le había pasado a su amigo. Le contaron de cómo se exponía día a día para ir a dónde él se encontraba, pasando cerca del nido de los pájaros. De cómo sobrevivió al ataque de las hormigas y así sucesivamente.

Llegó el escarabajo hasta el árbol en que yacía el gusano esperando pasar a mejor vida. Al verlo acercarse, con las últimas fuerzas que la vida te da, le dijo cuánto le alegraba que se encontrara bien. Sonrió por última vez y se despidió de su amigo sabiendo que nada malo le había pasado.

El escarabajo avergonzado de sí mismo, por haber confiado su amistad en otros oídos que no eran los suyos, había perdido muchas horas de regocijo que las pláticas con su amigo le proporcionaban. Al final entendió que el gusano, siendo tan diferente, tan limitado y tan distinto de lo que él era, era su amigo, a quien respetaba y quería no tanto por la especie a la que pertenecía sino porque le ofreció su amistad.

El escarabajo aprendió varias lecciones ese día. La amistad está en ti y no el los demás, si la cultivas en tu propio ser, encontrarás el gozo del amigo. También entendió que el tiempo no delimita las amistades, tampoco las razas o las limitantes propias ni las ajenas. Lo que más le impactó fue que el tiempo y la distancia no destruyen una amistad, son las dudas y nuestros temores los que más nos afectan. Y cuando pierdes un amigo una parte de ti se va con él. Las frases, los gestos, los temores, las alegrías e ilusiones compartidas en el capullo de la confianza se van con él.

El escarabajo murió después de un tiempo. Nunca se le escuchó quejarse de quien mal le aconsejó, pues fue decisión propia el poner en manos extrañas su amistad, solo para verla escurrirse como agua entre los dedos. Si tienes un amigo no pongas en tela de duda lo que es, pues sembrando dudas cosecharás temores. No te fijes demasiado en cómo habla, cuánto tiene, qué come o qué hace, pues estarás poniendo en una vasija rota tu confianza.

Dijo la madre Teresa: "Voy a pasar por la vida una sola vez, cualquier cosa buena que yo pueda hacer o alguna amabilidad que pueda hacer a algún humano, debo hacerlo ahora, porque no pasaré de nuevo por ahí..."

Disfrutar de un buen amigo es uno de los regalos mas hermoso que la vida nos da

viernes, junio 20, 2008

La Actitud ante las cosas...

Jerry era el tipo de persona que te encantaría odiar. Siempre estaba de buen humor y siempre tenía algo positivo que decir. Cuando alguien le preguntaba como le iba, él respondía: "¡Si estuviera mejor, sería gemelos!".

Era un gerente único porque tenía varias camareras que lo habían seguido de restaurante en restaurante. La razón por la que las camareras seguían a Jerry era por su actitud. Era un motivador nato. Si un empleado tenía un mal día, Jerry estaba ahí para decirle al empleado cómo ver el lado positivo de la situación.
Ver este estilo realmente me causó curiosidad; así que un día fui a buscar a Jerry y le pregunté:
- ¡No lo entiendo! No es posible ser una persona positiva todo el tiempo ¿Cómo lo haces?
Jerry respondió:
- Cada mañana me despierto y me digo a mí mismo, "Jerry, tienes dos opciones hoy. Puedes escoger estar de buen humor o puedes escoger estar de mal humor". Escojo estar de buen humor. Cada vez que sucede algo malo, puedo escoger entre ser una víctima o aprender de ello. Escojo aprender de ello. Cada vez que alguien viene a mí para quejarse, puedo aceptar su queja o puedo hacerle ver el lado positivo de la vida. Escojo el lado positivo de la vida.

- Sí, claro... pero no es tan fácil - protesté.

- Sí lo es - dijo Jerry -. Todo en la vida tiene relación con las opciones. Cuando quitas todo lo superfluo, cada situación es una elección. Tú eliges como reaccionas a cada situación. Tú eliges como la gente afectará a tu estado de ánimo. Tú eliges estar de buen humor o de mal humor. En resumen: Tú eliges cómo vivir la vida.
Reflexioné sobre lo que Jerry me dijo.

Poco tiempo después, dejé la industria de la restauración para iniciar mi propio negocio. Perdimos contacto, pero con frecuencia pensaba en él cuando tenía que hacer una elección a favor de la vida en lugar de reaccionar contra ella.
Varios años mas tarde, me enteré que Jerry hizo algo que nunca debe hacerse en el negocio de los restaurantes: Dejó la puerta de atrás abierta una mañana y fue asaltado por tres ladrones armados.

Mientras trataba de abrir la caja fuerte, su mano temblando por el nerviosismo, resbaló de la combinación.
Los asaltantes sintieron pánico y le dispararon.
Afortunadamente, Jerry fue encontrado relativamente pronto y llevado de emergencia al hospital local.

Después de dieciocho horas de cirugía y semanas de cuidados intensivos, Jerry fue dado de alta aún con fragmentos de bala en su cuerpo.
Me encontré con Jerry unos seis meses después del accidente y cuando le pregunté como estaba, me respondió: "Si estuviera mejor, sería gemelos. ¿Qieres ver mis cicatrices?".
Rehusé ver sus heridas, sin embargo le pregunté que pasó por su mente en el momento del robo.
- Lo primero que vino a mi mente fue que debí haber cerrado con llave la puerta de atrás - respondió Jerry -. Después, cuando yacía en el suelo recordé que tenía dos opciones: Podía elegir vivir o podía elegir morir. Elegí vivir.
- ¿No sentiste miedo?, ¿perdiste la consciencia? - le pregunté. Jerry continuó:
- Los paramédicos fueron geniales. No dejaban de decirme que iba a estar bien. Pero cuando me llevaron al quirófano y vi las expresiones en las caras de médicos y enfermeras, realmente me asusté. Podía leer en sus ojos: "Es hombre muerto".
Supe entonces que debía pasar a la acción.
- ¿Qué hiciste? - pregunté.
- Bueno, había un robusta enfermera haciéndome preguntas - dijo Jerry - me preguntó si era alérgico a algo. "Sí" contesté. Doctores y enfermeras hicieron una pausa esperando mi respuesta. Respiré profundamente y grité: "¡A las balas!". Mientras reían les dije: "Estoy escogiendo vivir. Opérenme como si estuviera vivo, no muerto"

Jerry vivió gracias a la habilidad de sus médicos pero también debido a su asombrosa actitud.
Aprendí de él que cada día tenemos la elección de vivir plenamente.

La actitud, al fin y al cabo, lo es todo.

lunes, junio 16, 2008

La Profesora...

Se contaba hace muchos años una historia sobre una profesora de Primaria.
Su nombre era Sra. Thompson. Cuando se ponía de pie frente a su clase de 5º grado en el primer día de colegio, decía una mentira a los niños. Como muchos maestros, ella miraba a sus estudiantes y decía que los quería a todos por igual.

Pero eso era imposible, porque ahí, en la primera fila, hundido en su asiento, estaba un pequeño llamado Teddy Stoddard. La Sra. Thompson había vigilado a Teddy el año anterior y se dio cuenta de que no jugaba con los otros niños, que sus ropas estaban sucias y que constantemente necesitaba un baño. Y Teddy podía ser desagradable. Llegó al punto que la Sra. Thompson de hecho se complacía en marcar sus apuntes con una ancha pluma roja, haciendo bien delineadas X y poniendo un gran "SUSPENSO" en la parte superior de las hojas.

Cuando en la escuela donde enseñaba, la Sra. Thompson fue requerida para revisar el expediente de cada niño, dejó el de Teddy para lo último. Sin embargo, al hacerlo se llevó una sorpresa.

La maestra de primero de Teddy escribió, "Teddy es un niño brillante, de pronta risa. Hace su trabajo pulcramente y tiene buenos modales, da alegría tenerlo cerca."

Su maestra de segundo escribió, "Teddy es un excelente estudiante, apreciado por sus compañeros de clase, pero está apenado porque su madre tiene una enfermedad terminal y la vida en su hogar debe ser una pugna."

Su maestra de tercero escribió, "La muerte de su madre ha sido dura para él. Intenta hacer lo mejor, pero su padre no muestra mucho interés y su vida familiar pronto le afectará si no se toman medidas."

Su maestra de cuarto escribió, "Teddy está distraído y no muestra mucho interés por la escuela. No tiene muchos amigos y a veces se duerme en clase."

Ahora la Sra. Thompson se dio cuenta del problema y se avergonzó de sí misma. Se sintió peor incluso cuando sus estudiantes le llevaron sus regalos de Navidad, envueltos en bellos lazos y brillante papel, excepto el de Teddy. Su regalo estaba chapuceramente envuelto en el pesado papel marrón que obtuvo de una bolsa de comestibles.

A la Sra. Thompson le inquietó abrirlo en mitad de los otros regalos. Algunos de los niños empezaron a reír cuando encontró un brazalete de circonitas al que le faltaban algunas piedras, y una botella llena hasta la cuarta parte de perfume. Pero acalló la risa de los niños cuando exclamó lo bonito que era el bracelete, a la vez que se lo ponía, y se aplicó algo de perfume en la muñeca.
Teddy Stoddard se quedó ese día después de clase justo lo suficiente para decir, "Sra. Thompson, hoy huele usted justo como mi Mamá solía hacerlo."

Después de que los niños se fueran, ella lloró durante casi una hora.
Desde ese preciso día, dejo de enseñar a leer, escribir y aritmética. En lugar de eso, empezó a instruir niños.

La Sra. Thompson puso especial atención con Teddy. Mientras trabajaba con él, su mente parecía volver a la vida. Cuanto más lo animaba, más rápido respondía él. Al final del año, Teddy había llegado a ser uno de los niños más inteligentes de clase y, a pesar de su mentira de que ella querría a todos los niños por igual, Teddy se convirtió en uno de los "favoritos de la maestra"
Un año más tarde, encontró una nota bajo de Teddy su puerta, diciéndole que todavía era la mejor maestra que había tenido en toda su vida. Pasaron seis años antes de que le llegara otra nota de Teddy. Entonces le escribió que había acabado la Secundaria, el tercero de su clase, y que ella todavía era la mejor maestra que había tenido en toda su vida.

Cuatro años después, le llegó otra carta, diciendo que aunque las cosas habían sido duras a veces, permaneció en el colegio, perseveró y pronto obtendría su graduado con los mayores honores. Aseguraba a la Sra. Thompson que ella todavía era la mejor maestra que había tenido en toda su vida y su favorita.

Pasaron cuatro años más y llegó otra carta. Esta vez explicaba que después de haber obtenido su título de Bachiller, decidió ir un poco más allá. La carta explicaba que ella era todavía la mejor y favorita maestra que había tenido nunca. Pero ahora su nombre era un poco más largo: la carta estaba firmada, Doctor Theodore F. Stoddard.

La historia no acaba aquí. Todavía recibió otra carta esa primavera. Teddy decía que había conocido a una chica y que iba a casarse. Explicaba que su padre había muerto hacía un par de años y se preguntaba si la Sra. Thompson aceptaría sentarse en la boda en el sitio que usualmente estaba reservado para la madre del novio. Por supuesto, la Sra. Thompson lo hizo.

¿Y sabes qué?

Lució el brazalete, aquel al que le faltaban varias circonitas. Y se aseguró de ponerse el perfume que Teddy recordaba que su madre llevaba en su última Navidad juntos.
Se abrazaron y el Dr. Stoddard susurró en el oído a la Sra. Thompson, "Gracias, Sra. Thompson por creer en mí. Muchas gracias por hacerme sentir importante y mostrarme que yo podía hacer que las cosas fueran diferentes."

La Sra. Thompson, con lágrimas en los ojos, susurró a su vez. Dijo, "Teddy, estás totalmente equivocado. Tu fuiste el que me enseñó a mí a hacer las cosas diferentes. Yo no sabía cómo enseñar hasta que te conocí."

viernes, junio 13, 2008

Feliz Cumpleaños...






Hoy me di cuenta que lo que llamo felicidad no es una línea, sino segmentos que se acompañan de retos y caídas que me hacen apreciar ese pedacito en la línea.

No puedo decir que soy feliz siempre, pero sí que en momentos he logrado sentirme pleno y esos momentos son los que me hacen levantarme tras las dificultades, tras esos segmentos de infelicidad que también son imprescindibles, tanto como lo bello de la vida.

Hoy aprendí que ser fuerte se aprende y se logra solo cuando te das la oportunidad de serlo, cuando te comprometes contigo mismo a recomenzar, a olvidar, a intentar o dejar de hacerlo, cuando por fin has decidido ser feliz.

Un Hoy bien vivido hace que cada Ayer sea un sueño de felicidad y cada Mañana una visión de esperanza. Te mereces toda una vida de mañanas preciosas.


Feliz Cumpleaños.


Ana Moncada García


miércoles, junio 11, 2008

Momento y Lugar correcto...

Iba caminando por una calle poco iluminada una noche ya tarde, cuando escuché unos gritos que trataban de ser silenciados y que venían de detrás de un grupo de arbustos.

Alarmado, disminuí mi velocidad para escuchar y me aterroricé cuando me di cuenta de que lo que estaba escuchando eran los inconfundibles sonidos de una lucha: fuertes gruñidos, pelea desesperada y tela rasgándose.


A solo unos metros de donde yo estaba parado, una mujer estaba siendo atacada.
¿Me debería involucrar? Yo estaba asustado por mi propia seguridad y me maldije a mí mismo por haber decidido repentinamente el tomar una nueva ruta a casa esa noche.
¿Y si me convertía en otra estadística? ¿No debería tan solo correr al teléfono más cercano y llamar a la policía? Aunque me pareció una eternidad, las deliberaciones en mi cabeza me habían llevado solo segundos, y los chillidos ya habían aumentado poco a poco.

Sabía que tenía que actuar rápido. ¿Cómo podría alejarme de esto?.
No, finalmente me decidí. No podría darle la espalda a esta mujer, aún si ello significaba arriesgar mi propia vida. No soy un hombre valiente, ni soy atlético.
No sé donde encontré el coraje moral y la fuerza física, pero una vez que había decidido finalmente ayudar a la chica, me volví extrañamente transformado. Corrí detrás de los arbustos y jalé al asaltante lejos de la mujer.

Forcejeando, caímos al suelo, donde luchamos durante unos minutos, hasta que el atacante se puso en pie de un salto y escapó.
Jadeando fuertemente, me levanté con dificultad, y me acerqué a la chica, que estaba en cuclillas detrás de un árbol, sollozando. En la oscuridad, apenas pude ver su silueta, pero ciertamente pude percibirla temblando y en shock. No queriendo asustarla de nuevo, primero le hablé a distancia.

"Está bien", dije en tono tranquilizador, "el ladrón huyó, estás a salvo ahora".
Hubo una prolongada pausa, y entonces oí las palabras, pronunciadas maravillosa y a la vez sorprendentemente:
- ¿Papi, eres tú?

Y entonces de atrás del árbol, salió caminando mi hija más joven, Katherine.

Dios tiene la manera de permitirnos estar en el lugar adecuado en el momento indicado.

viernes, junio 06, 2008

La Esposa de Dios...

Un niño de unos diez años de edad, estaba descalzo, parado frente a una zapatería de Broadway, mirando a través del escaparate y tiritando de frío. Una dama se le aproximó y le dijo:

- Amiguito ¿qué estás mirando tan atentamente en ese escaparate?
- Estaba pidiéndole a Dios un par de zapatos - fue la respuesta del niño.

La dama lo cogió de la mano, entró con él en la tienda y pidió media docena de calcetines para el niño. También preguntó al empleado si sería posible obtener una palangana con agua y una toalla. Ambas peticiones le fueron atendidas con rapidez.
Entonces llevó al pequeño a la trastienda y, quitándose los guantes, se puso de rodillas, le lavó los menudos pies y los secó con una toalla.

Para entonces, el empleado ya había vuelto con los calcetines. Poniéndole un par, le compró un par de zapatos y colgando de una percha los restantes calcetines, se los dio. Luego, lo acompañó a la entrada mientras le decía:

- ¿No es cierto, amiguito, que ahora te sentirás mucho mejor?
Cuando se volvía para irse, el atónito crío la cogió de la mano y mirándola fijamente,
con lágrimas en los ojos, respondió a la pregunta con estas palabras:

- ¿Eres la esposa de Dios?

miércoles, junio 04, 2008

Lyric's "I'll be - Edwin Mccain"



I'll be

I'll be
The strands in your eyes that color them wonderful
Stop me and steal my breath
Emeralds from mountains thrust towards the sky
Never revealing their depth

Tell me that we belong together
Dress it up with the trappings of love
I'll be captivated, I'll hang from your lips
Instead of the gallows of heartache that hang from above

CHORUS
I'll Be your cryin' shoulder
I'll Be love suicide
I'll Be better when I'm older
I'll Be the greatest fan of your life

Rain falls angry on the tin roof
As we lie awake in my bed
You're My Survival, You're My Living Proof
My love is alive and not dead

Tell me that we belong together
Dress it up with the trappings of love
I'll be captivated, I'll hang from your lips
Instead of the gallows of heartache that hang from above

CHORUS
I'll Be your cryin' shoulder
I'll Be love suicide
I'll Be better when I'm older
I'll Be the greatest fan of your life

I've dropped out, burned up, fought my way back from the dead
Tuned in, turned on, remembered the things you said

CHORUS
I'll Be your cryin' shoulder
I'll Be love suicide
I'll Be better when I'm older
I'll Be the greatest fan of your life

The greatest fan of your life


Yo seré

Yo seré
Los hilos en tus ojos que los colorean maravillosamente
me detienen y roban mi aliento.
Esmeraldas de montañas que llegan al cielo
nunca revelando su profundidad.

Dime que nos pertenecemos
disfrazados con la parafernalia del amor
seré cautivado, colgaré de tus labios
en vez de la horca que cuelga desde arriba.

CORO
Yo seré tu hombro para llorar
yo seré un amor suicida
yo seré mejor cuando sea mayor
yo seré el mayor admirador de tu vida.

La lluvia cae enojada en el techo
mientras descansamos despiertos en la cama.
Tú eres mi supervivencia, eres mi prueba viviente
de que mi amor esta vivo y no muerto.

Dime que nos pertenecemos
disfrazados con la parafernalia del amor
seré cautivado, colgaré de tus labios
en vez de la horca que cuelga desde arriba.

CORO
Yo seré tu hombro para llorar
yo seré un amor suicida
yo seré mejor cuando mayor
yo seré el mayor admirador de tu vida.

He dejado, quemado, luchado mi camino de regreso de los muertos
sintonizado, conectado, recordando las cosas que me dijiste.

CORO
Yo seré tu hombro para llorar
yo seré un amor suicida
yo seré mejor cuando mayor
yo seré el mayor admirador de tu vida.

El mayor admirador de tu vida.

martes, junio 03, 2008

Todos Fuimos Niños...

Era una mañana como cualquier otra. Yo, como siempre, me hallaba de mal humor.
Te regañé porque te estabas tardando demasiado en desayunar, te grité porque no parabas de jugar con los cubiertos y te reprendí porque masticabas con la boca abierta.
Comenzaste a refunfuñar y entonces derramaste la leche sobre tu ropa.
Furioso te levanté por los cabellos y te empujé violentamente para que fueras a cambiarte de inmediato.
Camino a la escuela no hablaste. S
entado en el asiento del auto llevabas la mirada perdida.
Te despediste de mí tímidamente y yo sólo te advertí que no te portaras mal.

Por la tarde, cuando regrese a casa después de un día de mucho trabajo, te encontré jugando en el jardín. Llevabas puestos unos pantalones nuevos y estabas sucio y mojado.
Frente a tus amiguitos te dije que debías cuidar la ropa y los zapatos, que parecía no interesarte mucho el sacrificio de tus padres para vestirte.
Te hice entrar a la casa para que te cambiaras de ropa y mientras marchabas delante de mí te indique que caminaras erguido.
Más tarde continuaste haciendo ruido y corriendo por toda la casa.

A la hora de cenar arrojé la servilleta sobre la mesa y me puse de pie furioso porque no parabas de jugar. Con un golpe sobre la mesa grité que no soportaba más ese escándalo y subí a mi cuarto.
Al poco rato mi ira comenzó a apagarse. Me di cuenta de que había exagerado mi postura y tuve el deseo de bajar para darte una caricia, pero no pude.

¿Cómo podía un padre, después de hacer tal escena de indignación, mostrarse sumiso y arrepentido? Luego escuché unos golpecitos en la puerta.

"Adelante" dije, adivinando que eras tú.
Abriste muy despacio y te detuviste indeciso en el umbral de la habitación.

Te mire con seriedad y pregunté: "¿Te vas a dormir?, ¿vienes a despedirte?"
No contestaste. Caminaste lentamente con tus pequeños pasitos y sin que me lo esperara, aceleraste tu andar para echarte en mis brazos cariñosamente.
Te abracé y con un nudo en la garganta percibí la ligereza de tu delgado cuerpecito. Tus manitas rodearon fuertemente mi cuello y me diste un beso suavemente en la mejilla. Sentí que mi alma se quebrantaba.

"Hasta mañana, papito" me dijiste.

¿Qué es lo que estaba haciendo?, ¿por qué me desesperaba tan fácilmente? Me había acostumbrado a tratarte como a una persona adulta, a exigirte como si fueras igual a mí y ciertamente no eras igual.
Tú tenías unas cualidades de las que yo carecía: eras legítimo, puro, bueno y, sobre todo, sabías demostrar amor.
¿Por qué me costaba tanto trabajo?, ¿por qué tenía el hábito de estar siempre enojado?
¿Qué es lo que me estaba aburriendo? Yo también fui niño. ¿Cuando fue que comencé a contaminarme?

Después de un rato entré a tu habitación y encendí una lámpara con cuidado.
Dormías profundamente. Tu hermoso rostro estaba ruborizado, tu boca entreabierta, tu frente húmeda, tu aspecto indefenso como el de un bebé.

Me incliné para rozar con mis labios tu mejilla, respiré tu aroma limpio y dulce.
No pude contener el sollozo y cerré los ojos. Una de mis lágrimas cayó en tu piel. No te inmutaste. Me puse de rodillas y te pedí perdón en silencio.
Te cubrí cuidadosamente con las cobijas y salí de la habitación.

Si Dios me escucha y te permite vivir muchos años, algún día sabrás que los padres
no somos perfectos, pero sobre todo, ojalá te des cuenta de que,
pese a todos mis errores,

Te amo más que a mi vida.

lunes, junio 02, 2008

Una Hora...

El hombre llegó del trabajo a casa otra vez tarde, cansado e irritado, y encontró a su hijo de cinco años esperándolo en la puerta.
"Papá, puedo preguntarte algo?"
"Claro, hijo, el qué?" respondió el hombre.
"Papá, ¿cuánto dinero ganas por hora?"
"¡Eso no es asunto tuyo! ¡Qué te hace preguntar algo así?" dijo el hombre enojado.
"Sólo quiero saberlo. Por favor dime ¿cuánto ganas por hora?" suplicó el pequeño.
"Si quieres saberlo, gano 20 dólares por hora".
"Oh", repuso el pequeño inclinando la cabeza. Luego, levantándola, dijo: "Papá, ¿me puedes prestar 10 dólares, por favor?"

El padre estaba furioso. "Si la razón por la que querías saber cuánto gano es sólo para pedirme que te compre un tonto juguete o cualquier otra tontería, entonces vete ahora mismo a tu habitación y acuéstate. Piensa por qué estás siendo tan egoista. Trabajo mucho, muchas horas cada día y no tengo tiempo para estos juegos infantiles".

El pequeño se fue en silencio a su habitación y cerró la puerta.
El hombre se sentó y empezó a darle vueltas al interrogatorio del niño. '¡Cómo puede preguntar eso sólo para obtener algo de dinero!'. Después de casi una hora, el hombre se calmó y empezó a pensar que había sido un poco duro con su hijo. Quizás había algo que realmente necesitaba comprar con esos 10 dólares y, de hecho, no le pedía dinero a menudo. Fue a la puerta de la habitación del niño y la abrió.

"¿Estás dormido, hijo?", preguntó.

"No, papá. Estoy despierto" respondió el niño.

"He estado pensando," dijo a su hijo, "Puede que haya sido demasiado duro contigo antes.
Ha sido un día muy largo y lo he pagado contigo. Aquí tienes los 10 dólares que me has pedido".
El niño se sentó sonriente. "¡Oh, gracias, papá!" exclamó.

Entonces, rebuscando bajo su almohada, sacó algunos billetes arrugados más .
El pequeño contó despacio su dinero y entonces miró al hombre, el cual,
viendo que el niño ya tenía dinero, empezaba a enfadarse de nuevo.
"¿Por qué necesitabas dinero y ya tenías?" refunfuñó el padre.

"Porque todavía no tenía bastante" dijo, "pero ahora sí tengo".
"Papá, ahora tengo 20 dólares.

¿Puedo comprar una hora de tu tiempo?"

domingo, junio 01, 2008

Dios aún habla a los hombres... !!!

Un joven había estado en su reunión de estudio de la Biblia de los miércoles por la noche.
El pastor había hablado sobre oír a Dios y obedecer la voz del Señor.
El joven no pudo dejar de preguntarse ¿habla todavía el Señor a los hombres?.

Después del servicio se fue a tomar café y pasteles con algunos amigos y discutieron sobre el mensaje. Varios de ellos hablaron de cómo Dios les había hablado de diferentes formas.
Eran casi las diez cuando el joven cogió el coche de vuelta a casa.
Sentado en el coche empezó a rezar: "Señor, si todavía hablas a la gente, por favor háblame.
Te escucharé y haré cuanto pueda para obedecerte".

Mientras conducía por la calle principal de su pueblo tuvo el extraño pensamiento de parar y comprar un litro de leche.
Meneó la cabeza y dijo en voz alta: "Señor ¿eres tú?". Al no obtener respuesta, siguió conduciendo hacia su casa.
Pero de nuevo le asaltó el pensamiento de comprar un litro de leche. El joven pensó en Samuel y cómo no reconoció la voz del Señor y como el pequeño Samuel corrió hacia Elí. "
De acuerdo, Señor. Por si acaso eres tú, compraré la leche". No parecía una prueba de obediencia muy difícil y, de todas formas siempre podía usar la leche.
Se paró y compró un litro de leche y siguió su camino a casa. Mientras pasaba por la calle Séptima, sintió de nuevo la urgencia: "Tuerce por esa calle". Esto es de locos, se dijo, y condujo hasta pasado el cruce.
De nuevo sintió que debía volver sobre sus pasos por la Séptima, así que en el siguiente cruce dio la vuelta y enfiló la Séptima calle abajo.
Medio en broma dijo en voz alta: "Muy bien, Señor, lo haré".

Condujo a lo largo de varias manzanas, cuando de pronto sintió que debía pararse.
Se acercó al bordillo y miró a su alrededor. Estaba en una zona semicomercial de la ciudad.
No era la mejor, pero tampoco era la peor de las barriadas.
Los comercios estaban cerrados y muchas de las casas estaban a oscuras como si sus habitantes ya estuvieran acostados.
De nuevo sintió algo: "Ve y dale la leche a la gente de la casa de enfrente".

El joven miró hacia la casa. Estaba oscuro y parecía que sus habitantes o estaban fuera o ya estaban durmiendo. No había empezado a abrir la puerta del coche cuando se volvió a sentarse "Señor, esto no es normal.
Esta gente estará durmiendo y si los despierto se van a enfadar conmigo y además voy a parecer un idiota". De nuevo sintió que debía ir y darles la leche.
Finalmente abrió la puerta. "Bien Señor, si de verdad eres Tú, iré a la puerta y les daré la leche. Si quieres hacerme parecer un loco, de acuerdo. Quiero obedecerte.
Me pregunto si esto llevará a alguna parte, pero si no contestan a la primera, me largo".

Cruzó la calle y llamó al timbre. No podía oír ningún ruido en el interior. Una voz de hombre preguntó: "¿Quién es? ¿Qué quiere?" La puerta se abrió antes de que el joven pudiera irse.
El hombre estaba allí parado, en vaqueros y camiseta parecía recién salido de la cama.
Tenía una extraña mirada y no parecía muy contento de tener a un extraño de pie en el umbral de su puerta.
"¿Qué quiere?". El joven mostró el litro de leche. "Tome, he comprado esto para usted"
El hombre tomó la leche y se adentró rápidamente en la casa gritando en español.
Desde el fondo del recibidor surgió una mujer llevando la leche hacia la cocina mientras el hombre la seguía llevando a un bebé en brazos.
El bebé lloraba y el rostro del hombre estaba surcado de lágrimas.
Empezó a hablar mientras seguía llorando.
"En este momento estábamos rezando. Hemos tenido muchos pagos este mes y nos hemos quedado sin dinero. Ya no teníamos leche para nuestro bebé. Estábamos rezando y pidiéndole a Dios que me mostrara cómo conseguir un poco de leche".

Su mujer gritó desde la cocina: "Le pedí que me mandara un ángel con un poco. ¿Eres un ángel?" El joven se metió la mano en el bolsillo y sacando todo el dinero que tenía se lo puso al hombre en la mano.
Se volvió y caminó hacia su coche mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas.

Supo que Dios todavía responde a las plegarias y que todavía habla a su Pueblo.